Antiguamente el prior de cada parroquia se consideraba la máxima jerarquía.

Se formaban en la Universidad de Priores y Curas de Jaén de Santa Catalina Martir. Gozaban de las casas del priorato cuando las tenían, y recibían rentas en especie.

En el XVIII, las casas de priorato solían estar arrendadas, como la casa del prior de San Ildefonso en la calle Hurtado, y las de San Juan situadas en el Corralaz (Juanito el Practicante) o Santo Domingo Alto, o incluso en parroquias distintas, como la casa del priorato de San Bartolome en la calle Llana de santa Maria.

A consecuencia de la mayor población que tuvo, el priorato de la Magdalena fue el mayor en sus orígenes (Mazas).

En 1752 era prior don Melchor de Ortega.

La casa del priorato, habitada tradicionalmente por los priores, estaba situada en la calle Horno de Mirez. En 1924 la casa de los priores estuvo a punto de desaparecer. Sobrevivió al ser tabicada para convertirse en casa de vecinos.

Recientemente, Alejando Palacios, gracias a su ilusión y tenacidad, sin concederle ayuda alguna, ha recuperado y continua mejorando la que es la última casa exponente de aquel pasado y de la arquitectura civil castellana del siglo XVI.

Aguarda así la Casa de los Priores una oportunidad para sobrevivir y subsistir, según A. Palacios en beneficio de la ciudad, esperando que su musealizacion y uso turístico aclaren su oscuro futuro.