También conocido como “el charco de la pringue”.

Se dice que este charco sobre el Guadalquivir se denomina así por los pellejos de aceite que transportaba un borrico que, al caer éste y rodar aquéllos ladera abajo, fueron a parar al río donde derramaron el oro líquido, dejando pringada el agua cristalina.

En cualquier caso, el origen de esta piscina se remonta a los años 70 del siglo XX, concretamente al año 1973.
A instancias de Blas Ruiz Robles se crea este charco con la construcción de una pequeña presa para contener el agua, eligiéndose para ello un entorno de enorme belleza natural decorado además por unas singulares formaciones rocosas.
Se trata de un magnífico atractivo turístico del Parque Natural de las sierras de Cazorla, Segura y las Villas, situado en esta última, la más desconocida y salvaje.

El Charco del Aceite es una de las mejores opciones para pasar cualquier caluroso día a los que nos tiene acostumbrados el estío jaenero.
Las aguas, recién salidas del pantano del Tranco -unos centenares de metros más arriba-, son aquí muy frías y hay que pensarse dos veces el sumergir el cuerpo por completo.
Superada la prueba, el baño resulta muy agradable.
Hay una zona en la que se hace pie, y otra, pegada a las rocas, en la que no.
En torno al charco hay habilitadas zonas de mesas y asientos de piedra para comer  y disfrutar de un día en familia o con los amigos.

¿Qué esperas para visitar este rincón?