Muchos son los que hablan que en úbeda existe un “duendecillo” que mora en las estancias de la Basílica y Real Colegiata de Santa María la Mayor de los Reales Alcázares de Úbeda.

Para el que aún no lo sepa, esta iglesia ha sido declarada Monumento Nacional y parte del conjunto Patrimonio de la Humanidad, considerada como la iglesia principal de la ciudad de Úbeda, Jaén y tercera de la diócesis jiennense.

Si entrais en el templo, veréis que hay una imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno que ocupa una de las capillas de la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares desde 1868.

Cuentan que en una fría madrugada del Viernes Santo, día en el que procesiona dicha cofradía, un niño de siete años acompañó a su padre, el cuál era costalero de dicha hermandad, a ver salir la procesión.

El niño al igual que el padre quería llegar a ser costalero de mayor.

De redreso, ante la gran afluencia de público, el niño se perdió entre el bosque de túnicas moradas y apareció muerto bajo el trono de Jesús, con una angelical sonrisa como si él lo hubiese estado cuidando…

Dice la leyenda que su espíritu revolotea inquieto en las naves de la iglesia en compañía de un coro de traviesos angelillos, custodiando la imagen del Cristo Nazareno.

Desde entonces, el niño prometió acompañar al Nazareno, todos los años, en su procesión, todos los viernes santos, desde muy temprano, lo acompaña por las calles de Úbeda prendido en su corazón…

Mientras, muy de mañana, Jesús Nazareno sale por la Puerta de la Consolata y las notas del Miserere se entremezclan con el primer rayo de sol, que ilumina su cara; en su pecho, reluce este niño: el duendecillo de Santa María.