La carrera nuclear armamentística que la España de Franco ideó, está llena de oscuros y dramáticos episodios.

La Fábrica de Uranio de Andújar (FUA) estuvo operativa desde el año 1959 hasta 1981 y fue inaugurada por Franco el 14 de febrero de 1960, su labor era la obtención de óxido de Uranio para el proyecto de bomba atómica que el dictador español tenía en sus manos.

Uno de los más desgarradores es el de la fábrica de uranio de Andújar inaugurada por el caudillo en 1960.

Franco quiso dotar a España de armamento nuclear. Su desarrollo, plagado de crímenes y negligencias, provocó serias tensiones diplomáticas con Estados Unidos y un grave accidente, ocurrido en una fábrica de plutonio situada en pleno centro de Madrid, que aun hoy continúa siendo ignorado por gran parte de la población.

126 trabajadores de la FUA se vieron expuestos a dosis de radiación muy peligrosas sin que se tomaran ninguna medida contra la posible exposición al uranio en su proceso, nadie avisó de los peligros, tenían prohibido hablar de sus labores dentro de la fábrica en el exterior.

“Todo lo que ocurría en esta fábrica ‘clama al cielo”, asegura Miguel Yuste, antiguo miembro del CIEMAT (Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas) y una de las personas que denunció el asunto.

“Cuando se atascaba el dique de estériles, cogían a dos trabajadores y con una balsa hecha con dos neumáticos de camión, unas tablas y una cuerda, iban desplazándose por todo el estanque de lodo radiactivo hasta que llegaban y con un palo lo desatascaban”, cuenta Miguel cómo ejemplo de las barbaridades que ocurrían en la fábrica de uranio de Andújar .

Su desmantelación y desaparición.

La Fábrica de Uranio de Andújar comenzó a desmantelarse por Enresa tras su cierre.

En el año 1995 se dio por desmantelada, pero aún continúa la vigilancia sobre las instalaciones al no haberse cumplido el periodo de cumplimiento.

El último informe de revisión de las instalaciones de la FUA data del 29 de abril de 2014.

Sobre la FUA ahora mismo existe una especie de sarcófago que enterró el loco sueño de Franco, metáfora tétrica de la muerte que llevó a los obreros de Andújar.

Con la finalidad de restaurar el emplazamiento e integrarlo en el entorno, el proyecto de Enresa fue aprobado en 1991 por el Ministerio de Industria y Energía.

Sus criterios básicos de ejecución fueron: Evitar riesgos para las personas y el entorno, impedir la dispersión de contaminantes, controlar el flujo de gas radón, garantizar la estabilidad de las estructuras a largo plazo, minimizar la necesidad de mantenimiento.

andujar-300x98 La FUA: La fábrica de la muerte de Andújar

Se realizaron estudios de la geología de la zona, estudio de Impacto Ambiental y programas de vigilancia radiológica y ambiental.

Se construyó una balsa para tratamiento de las aguas antes de su vertido al río, se amplió el foso de descontaminación de maquinaria y se adaptó la instalación eléctrica para las obras.

Se ejecutó la descontaminación y troceado de las instalaciones y equipos existentes en el emplazamiento y se almacenaron en contenedores o jaulas metálicas.

Dichas jaulas se trasladaron posteriormente al dique de estériles previamente estabilizado, para su sellado con hormigón. Se derribaron y demolieron edificios y construcciones de la fábrica y se colocaron sobre las jaulas metálicas hormigonadas.

Se ejecutó la compactación con estériles de todas estas estructuras. Se remodeló la configuración del dique mediante el reperfilado y recolocación de estériles, y mediante la compactación y extendido en la cumbrera de los contaminantes procedentes de la limpieza de los suelos de la parcela.

Todos los productos resultantes del desmantelamiento y demolición se incorporaron a este dique estabilizado. Esto garantiza la seguridad a largo plazo del emplazamiento.

Se extendieron, sobre el dique estabilizado, múltiples capas de protección: barrera de radón y de infiltración, capa de gravilla, barrera biointrusiva, filtro, suelo vegetal, barrera de protección contra la erosión, tierra vegetal y vegetación.

Se plantaron más de un millar de árboles y arbustos en la zona y vegetación autóctona sobre el dique, consiguiendo la integración paisajística del emplazamiento.

Terminadas las obras se implantó un sistema de vigilancia y control para asegurar el cumplimiento de los objetivos del proyecto.

El Plan contempla la evaluación de la calidad de las aguas superficiales y subterráneas, el nivel de radón, posibles cambios en la cobertura del dique, intrusiones,…

La comunicación de Enresa con las autoridades locales y con la población general interesada en el proyecto fue una labor constante durante las obras y con posterioridad a ellas.

Afectados por radiactividad.

La historia de los trabajadores que componían la plantilla de la FUA “casi se pierde entre papeles y burocracia”. 

La FUA estuvo operativa entre los años 1959 y 1981,.

Durante su proceso productivo unos 126 trabajadores, junto a sus familias, se vieron afectados por las radiaciones provocadas por la extracción de uranio. 

Los últimos datos conocidos, Según datos de la Consejería de Salud, 48 de ellos ya han fallecido y 51 han pasado por las revisiones médicas, así como casi un centenar de familiares.

En 1991 se constituyó la asociación de afectados por la fábrica de uranio de Andújar para agrupar y representar a los trabajadores y familiares de la fábrica que se vieron afectados por exposición a radiactividad.

La principal reivindicación es que se reconozcan como enfermedad laboral y no como enfermedad común los diversos casos de cáncer desarrollados tras trabajar en la central.

Sí consta que a la viuda del subdirector se le reconoció enfermedad laboral.

Al menos 55 de los 126 trabajadores de la fábrica han fallecido, y el resto padece enfermedades diversas por afectación de órganos vitales.

“Apenas teníamos un mono de trabajo y unos guantes de goma, el polvo amarillo se metía entre los ojos, la boca y la nariz. Ni siquiera había un comedor en la fábrica, y los trabajadores tenían que comerse el bocadillo rodeados de cualquier elemento contaminante.

Y cuando lo crearon se habilitó un antiguo almacén de bidones de uranio con el consiguiente riesgo que eso suponía”, recuerda con amargura.

Además, en los primeros años, la FUA no disponía de lavadoras, por lo que los trabajadores se lavaban la ropa de la fábrica en sus casas arrastrando materiales contaminantes.

Según unos análisis de orina del año 1964, los empleados tenían en torno a 116 microgramos de uranio por litro, cuando el límite de seguridad estaba en 0,8 microgramos.

Pero los trabajadores no eran conscientes del peligro que corrían, pues el dosímetro personal que portaban cada uno de ellos siempre estaba defectuoso, según apuntan”.