Hablamos de algo único en Europa.

Desde agosto de 2010, convenientemente restaurada y acondicionada, es posible visitar la bóveda sobre el río Cerezuelo lo que, a su vez, da un valor extraordinario a las ruinas de la iglesia de Santa María, que se encuentran justo encima. 

En 1212 Alfonso VIII de Castilla gana la batalla de Las Navas de Tolosa, en la provincia de Jaén. Algo muy interesante porque posibilita un gran avance del reino de Castilla sobre amplias zonas de Andalucía.

Pero también un verdadero lío porque el rey no tiene la capacidad de asumir directamente las tareas de poblar y organizar estos territorios.

Es por ello que sus sucesores Fernando III el Santoy Alfonso X el Sabio desarrollan la figura del adelantado, que viene a ser un representante del poder real en estos territorios recién conquistados.

En 1231, Fernando III crea el adelantamiento de Cazorla, un señorío que entrega al Arzobispado de Toledo (que había participado activamente en la batalla de Las Navas de Tolosa). Este señorío proporciona sustanciosos beneficios además de gran prestigio a sus titulares.

Todo va bien hasta que tres siglos después entra en escena Francisco de los Cobos, secretario de Estado del emperador Carlos V y natural de Úbeda (Jaén).

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Este Francisco de los Cobos es uno de los muchos personajes fascinantes de nuestra historia pero de los que lo desconocemos casi todo.

Cualquiera que viaje por Jaén encontrará su presencia en diferentes lugares, siendo el más notable la capilla del Salvador de Úbeda.

Resulta chocante descubrir que la iglesia más vistosa de esta ciudad monumental no es otra cosa que la capilla del panteón del tal Francisco de los Cobos.

Es el no va más de la arquitectura religiosa privada del Renacimiento español.

Es de señalar que Cobos había acompañado al emperador a Italia para la ceremonia de coronación en Bolonia. Allí descubre el Renacimiento y a Tiziano, a quien acaba convirtiendo en el pintor favorito del Emperador. Y descubre la capacidad del arte como manifestación de poder.

Francisco de los Cobos trae a Cazorla a Andrés de Vandelvira, tal vez el más grande arquitecto renacentista español, que le ofrece una solución insólita: encauzar el río Cerezuelo y cubrirlo con una bóveda, lo que generaría un espacio suficientemente grande como para levantar encima la iglesia, abrir una gran plaza y, además, posibilitar la expansión de Cazorla.

Una vez terminada la bóveda se consiguió un gran espacio llano para levantar la iglesia de Santa María, el Ayuntamiento y todavía quedaba sitio para una gran plaza, la de Santa María.

Todo ello modificaba completamente la estructura urbana de Cazorla.

Hay pinturas de hace siglos que plasman esta nueva organización urbana, con el río corriendo debajo de la iglesia y la plaza de la iglesia de Santa María quedan sólo las ruinas, aunque son restos que permiten imaginar la magnificencia del proyecto.

Se sabe que a finales del s.XVII hubo una gran tormenta, que el río arrastró tanto material que atoró el conducto subterráneo y por tanto la corriente desbordada pasó por encima arrasando la iglesia, dejando los restos que conocemos.

Luego pasaron por aquí las tropas napoleónicas (recordemos que Bailén, la de la batalla, también está en Jaén), que probablemente hicieran algún destrozo más. No, las cosas no están del todo claras.

Hay que saber que el arzobispado de Toledo no se quedó de brazos cruzados cuando le quitaron el adelantamiento de Cazorla, y en 1634 consiguió que se lo devolvieran, quitándoselo a los descendientes de Cobos, los marqueses de Camarasa.

Es muy probable que la iglesia no estuviera terminada por entonces, y en venganza la dejaran inconclusa, para demostrar que todo había sido, en realidad, la manifestación de la vanidad y la arrogancia de ese advenedizo.

Esta visita a la bóveda y a la iglesia no es sólo un recorrido turístico.

En realidad es un paseo por algunos aspectos de la condición humana: el ansia de poder, la vanidad, la osadía, la venganza…