Existen leyendas y creencias populares sobre el origen de la llegada del Santo Rostro a Jaén, pero como ésta…

La leyenda cuenta que el santo Rostro llegó a Jaén por el primer obispo de Jaén, San Eufrasio. Éste tenía una villa, fuera de las murallas de Jaén.

Allí en una capilla tenía dos diablillos encerrados en una vasija de cristal, los cuales se pasaban el día discutiendo el uno con el otro.

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Cuenta dicha leyenda que, estando cenando el obispo Don Nicolás de Biedma en Jaén, escuchó unos ruido y descubrió que se trataba de los diablillos que en ella había encerrados.

Catedral_Capilla_de_San_Eufrasio_6-225x300 La leyenda de un Obispo, unos diablillos y el Santo rostro a Jaén
Talla de San Eufrasio Catedral de Jaén

Éstos se reían y burlaban de la suerte del Papa, ya que éste era un gran pecador y en el infierno estaban esperando ansiosos su muerte para celebrar una fiesta, pues el pontífice se uniría a ellos en el abismo.

El obispo quedó estupefacto y temió por el terrible destino que esperaba al papa si no hacía nada por enmendar sus pecados.

Decidió que debía ayudarlo y tratar de hacerle llegar un aviso, sin embargo Roma estaba demasiado lejos como para conseguir que su alerta llegara a tiempo.

Entonces a Don Nicolás se le ocurrió la genial idea de pedir ayuda a los propios diablillos que eran fanfarrones y descuidados. Así fue cómo de dirigió a las criaturas y les pidió que le llevaran a Roma volando sobre sus espaldas.

Uno de los diablillos le dijo que él sería capaz de llevarlo si a cambio el obispo, del que todos conocían su glotonería, le daba las sobras de su cena durante el resto de su vida.

Don Nicolás accedió gustoso y así fue como el propio diablillo lo llevó junto al papa.

El pontífice escuchó anonadado la historia del obispo de Jaén, y arrepentido recapacitó por todos sus pecados y pidió perdón a Dios por ellos. De este modo, el papa consiguió salvar su alma.

En agradecimiento por ello, el papa entregó a Don Nicolás la reliquia del Santo Rostro.

Desde aquel entonces, el obispo jamás volvió a cenar otra cosa que no fuera un cuenco de nueces, por lo que la parte que correspondía al diablillo sólo eran las cáscaras.

¿Será éste el verdadero origen de la llegada de esta reliquia a Jaén?