Un pasodoble jienense, el rey de los pasodobles.

Suspiros de España es un popular pasodoble español que fue compuesto por el maestro de Martos (Jaén) Antonio Álvarez Alonso (1867-1903) en la ciudad española de Cartagena, en 1902.

En 1938 se le añadiría letra por Juan Antonio Álvarez Cantos (1897-1964), sobrino del compositor, para ser cantada en una película por Estrellita Castro, siendo versionada luego (en ocasiones cambiando la letra) por otras grandes figuras, como Concha Piquer entre ellas.

Además, este pasodoble fue parte de la banda sonora que se utilizó en la ceremonia de inauguración de los Juegos Mediterráneos Almería 2005.

En los exilios provocados por la Guerra Civil Española y posteriores, el pasodoble “Suspiros de España” simbolizó la nostalgia del país perdido. Su composición en el modo musical menor evoca tristeza, con leves modulaciones a su relativo mayor, pero, en mayoría, escrita en modo menor.

Fue originariamente una marcha de paseo de la Real Infantería de Marina (paso-doble) que a fines del siglo XIX y comienzos del XX se popularizó como pieza de concierto y posteriormente de baile. 

El pasodoble fue estrenado por la Banda de Música del 3er Regimiento de Infantería de Marina (actualmente Tercio de Levante) dirigida por Ramón Roig y Torné, el día del Corpus Christi de 1902 en la plaza de San Sebastián de Cartagena.

En este contexto, se componen en pocos años en la ciudad de Cartagena tres piezas que resultan fundamentales en la historia del género: ‘La Gracia de Dios’ (Ramón Roig y Torné, 1880), ‘Suspiros de España’ (Antonio Álvarez Alonso, 1902) y ‘El Abanico’ (Alfredo Javaloyes López, 1910).

Según el músico cartagenero García Segura, el origen del pasodoble ‘Suspiros de España’ sería el siguiente:

El Maestro Álvarez Alonso ofrecía conciertos animando las veladas del café La Palma Valenciana, en la calle Mayor de Cartagena. Una noche, al terminar su actuación, enseñó a sus amigos una melodía en forma de pasodoble que había escrito sobre una mesita del café, y que pronto fue acogida con alborozo por su clara inspiración.

En su recorrido nocturno por las calles de Cartagena, el maestro se detuvo ante la Confitería España, ubicada frente al café de sus actuaciones, y observando unos pasteles típicos llamados “suspiros” (almendras caramelizadas con merengue), se inspiró para bautizar “Suspiros de España” a su nueva partitura.

Cartagena se considera la tierra del pasodoble, ello viene avalado porque se compusieron tres partituras de renombrada importancia: La gracia de Dios, del maestro Roig; El abanico, de Javaloyes -que sigue empleando la guardia real inglesa en los relevos- y, sobre todos, Suspiros de España, obra imperecedera e internacional de Antonio Álvarez Alonso.

El maestro cuenta con una calle que tiene su entrada por la de Alfonso XIII y Puente del Bohío y salida por la de Mozart, en la barriada de San Cristóbal, de Los Dolores, que tomó esa denominación el 16 de febrero de 1966. Con un busto en la plaza del Rey y con una placa en la plaza de San Sebastián, que recuerda que fue allí donde en el año 1902 se estrenó el universal pasodoble.

Quiérase o no, “Suspiros de España” ha provocado hondas emociones a multitud de españoles, que, según muchos testimonios, se intensifican fuera de la patria.

Desde que el 30 de diciembre de 1931 dos barbastrenses remitieran una carta al diario Heraldo de Madrid, proponiendo este pasodoble como himno nacional, otros muchos han pensado lo mismo y quien recurra a youtube verá que prosiguen los comentarios en esa línea.