“La Puerta de Andalucía”, el imponente desfiladero de Despeñaperros.

Tradicional entrada a Andalucía, ha visto a lo largo de los siglos, como su territorio era escenario de paso de diversas civilizaciones.

Hoy, atravesar sus entrañas no resulta difícil, gracias al paso de la ancha vía que une Madrid con Cádiz.

Más de ocho mil hectáreas dan la bienvenida, cada día, a las miles de personas que se dirigen de la meseta castellana a Andalucía.

Ocho mil hectáreas declaradas desde 1989 Parque Natural y que esconden multitud de secretos. Tras estos majestuosos muros se esconde un auténtico paraíso.

Tal vez la naturaleza quiso labrar estos muros para “guardar” la apacible vida de cientos de especies que encuentran aquí su verdadero hogar.

No hay más que acudir a la Cueva de los Muñecos para darse cuenta de cómo el hombre prehistórico vivió en algunos de estos abrigos.

El paso de los años y la dejadez han hecho desaparecer las valiosas pinturas rupestres que se conservaban en estas cuevas.

O el Collado de los Jardines, donde se encuentra uno de los santurarios ibéricos más importantes, donde los oretanos depositaban pequeñas figuras de bronce y exvotos.

Y así múltiples lugares que podriamos seguir citando (Barranco de Valdeazores, Calzada Romana, el Molino del Batán,…)..

Con el tiempo en torno a la vía romana se fueron trazando una red de caminos carreteriles, en torno al siglo XVIII.

Uno de estos caminos, El Real fue abandonado tras la construcción de otro camino de mayor seguridad.

Por estas fechas uno de los bandoleros más temidos, José María El Tempranillo operaba por estos pagos haciendo de las suyas y amedrentando a cualquier carruaje que pasaba por el lugar.

En 1861 la locomotora de vapor se abrío paso por el impresionante desfiladero y más tarde la autovía que une Madrid con Cádiz permitía y permite atravesar el parque.

Pero lejos del trasiego diario, las calmadas aguas del pantano de El Empedraillo escuchan la berrea de los ciervos, la altiva mirada del águila imperial y hacen esfuerzos por avistar algún gato montes.

El meloncillo, la gineta o la nutria desafían al visitante y la Centaurea Citricolor, un cardillo exclusivo de la zona, se encuentra a sus anchas.

Un auténtico paraíso guardado en parte por el río Despeñaperros, encargado de labrar durante miles de años las pizarras de Sierra Madrona, aprovechando la existencia de una falla transversal y formando lugares como Los Organos, el Salto del Fraile o Las Correderas.

Junto al Parque, el refrescante paraje de la Cimbarra.

Tal vez, tras un largo paseo por esta tierra de paso, el visitante comprenderá el por qué de estos más de mil metros de pared en disposición vertical.

¿De donde viene su nombre? Acontecimientos como la Batalla de las Navas de Tolosa han marcado el lugar, tanto es así, que un posible origen del nombre de Despeñaperros proviene de esta época de Reconquista.

Al término de la batalla y tras vencer a los musulmanes, muchos de ellos huyeron por los montes, pero los imposibles relieves hicieron que muchos de ellos murieran en su huida cayendo por los desfiladeros.

Por tanto, cuentan que el nombre de Despeñaperros proviene de un hecho histórico como fue la Batalla de las Navas de Tolosa.

Lo que no saben los que por su carretera viajan, es que mucho más adentro, en su alma más profunda conviven el gato montés, el meloncillo, el ciervo, el corzo y el jabalí, siempre bajo la atenta mirada del buitre y el águila imperial.

“Seguramente sea la mejor muralla para guardar tras de si un verdadero paraíso”